La Catedral de Saint-Bénigne
Ubicada en la región de Borgoña, al este de Francia, Dijon es una ciudad de admirable arquitectura, y lugar de nacimiento del famosísimo Gustave Eiffel, responsable del diseño y la construcción de la torre Eiffel, en París. Construida a orillas del río Ouche y en las proximidades del nacimiento del Sena, este asentamiento surgió y se expandió gracias a su importancia comercial, y hoy es hogar de un sinfín de industrias.
La historia recuerda a Dijon como la alternativa de los obispos de Langres, quienes debieron mudarse allí cuando Langres fue saqueada por los bárbaros, en 407. Hoy, a muchos siglos de entonces, es uno de los centros culturales más importantes de Francia, probablemente el segundo más relevante después de París, y son muchos los turistas que se alojan en los distintos hoteles en Dijon ansiando recorrer sus calles y conocer cada uno de sus rincones.
Entre sus destacadas obras arquitectónicas, se cuenta la Iglesia de Saint Philibert, de estilo románico; la iglesia de Notre Dame, datada en el siglo XIII y realizada según el estilo gótico borgoñón; y la iglesia de Saint Michel, de líneas renacentistas.
Sin embargo, es sin dudas la Catedral de Saint-Bénigne el más importante de los monumentos religiosos de la ciudad. Fue reconstruida entre los siglos XVIII y XIV, aunque su cripta es muy anterior, del siglo XI, ya que corresponde a la primera edificación. Es considerada una obra maestra del arte romanesco.
El Palacio Ducal, perteneciente a los duques de Borgoña, es otro de los edificios más bellos y visitados de Dijon. Hoy funciona como Ayuntamiento y Museo de Bellas Artes de la ciudad, y está emplazado en el corazón mismo de la urbe.
Dijon se caracteriza por el meticuloso cuidado de las flores que dan vida y color a toda la ciudad. Parques y jardines parecen estar siempre en la mente de sus encargados, y relucen a la luz del sol como si se tratara de una permanente exposición de arte. Es por eso que se la considera la “ciudad de cuatro flores”.
Foto Vía: Wiki Commons