La cocina francesa, Patrimonio de la Humanidad

la moulin de la galette

La Moulin de la Galette, Pierre-Auguste Renoir

Todos alguna vez habremos degustado una tradicional receta francesa que de seguro nos dejó maravillados. Y es que la cocina francesa se ha vuelto famosa en el mundo entero, y su prestigio no es en vano: la calidad y el sabor de sus ingredientes típicos y la perfecta forma de combinarlos hacen de ella una opción infalible para agasajar invitados y amigos.

Es por eso que, el pasado 16 de noviembre, el comité intergubernamental de la Unesco decidió declarar a la comida gastronómica francesa dentro del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

Así, Francia suma un elemento más que se ha convertido en Patrimonio de la Humanidad, engrosando su ya considerable lista de atracciones que integran este selecto grupo de valores a nivel mundial.

Los expertos que tomaron la decisión, reunidos en Kenia, destacaron que la gastronomía francesa, con sus rituales y su inconfundible presentación, compone algo más que solo una comida regional y constituye una verdadera tradición cultural de gran valor.

No es el contenido de los platos lo que hace a la comida francesa únicamente, sino que también es su valor como práctica social habitual que tiene lugar en los momentos importantes de los individuos de todo el mundo lo que convierte a esta tradición en meritoria de formar parte del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

Por supuesto, esta decisión trajo no pocos debates en torno a la cuestión de utilizar el logotipo de la Unesco de manera excesiva. El abuso del logotipo preocupó a quienes intervinieron en la discusión acerca del nombramiento de la cocina francesa dentro de la categoría del Patrimonio de la Humanidad.

Sin embargo, la decisión fue positiva, y actualmente la gastronomía de Francia forma parte de la lista de la Unesco. Desde luego, fue incluida en la lista representativa del patrimonio inmaterial y no en la lista del patrimonio amenazado, que requiere de protección urgente.

De modo que, la próxima vez que disfrutéis de un platillo francés, recordad que estás consumiendo algo más que solo la comida, es la tradición y la cultura en torno a ella la que le dan el valor que se le ha reconocido.

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