La Cruzada Albigense contra los Cátaros

la rendición cátara

A mediados del siglo XII, el catarismo logró arraigar con fuerza en las zonas del Mediodía francés, especialmente en Languedoc. Allí, esta doctrina (de carácter gnóstico) contaba con la protección de señores feudales, vasallos de la corona de Aragón.

El catarismo se estableció como una vertiente religiosa que afirmaba la dualidad creadora, por un lado Dios y por otro Satanás, y rechazaban el Antiguo y el Nuevo Testamento. Además, predicaba y defendía la salvación por medio del ascetismo y el rechazo absoluto del mundo material, que según los seguidores de la doctrina cátara se trataba de una obra completamente demoníaca.

La Iglesia Católica pronto comenzó a mostrar su desagrado frente a esta doctrina, la cual no dudó en catalogar de herética. Primero intentaron realizar distintas acciones misioneras, no obstante, frente al inminente crecimiento y la gran aceptación de la misma, la Iglesia se vio obligada a pedir ayuda a la corona Francesa. Así comienza el capítulo de las Cruzadas albigenses.

En 1208, el Papa Inocencio III convocaría un llamamiento a todos los príncipes y nobles hombres. Pretendía que se unieran en su lucha contra los pueblos cristianos sublevados, aquellos que se emplazaban en el sur de Francia, en su cruzada albigense.

Estas cruzadas serían conocidas también como la cruzada cátara o contra los cátaros. Un conflicto armado que acabaría con la mayoría de los miembros de esta religión hasta 1244.

Incitada por el papa Inocencia III, fue aceptada por los Capetos (reyes de Francia) y se desarrolló en tres fases.

Fue esta una guerra muy violenta. Una serie de batallas entre defensores y enemigos acérrimos que acabaría con todo el apoyo político con el que los cátaros contaban por aquel entonces.
Prueba de esta violencia puede verse en el episodio vivido en Béziers. Allí, en 1209, murieron aproximadamente 30.000 personas. La matanza no entendía de edad ni sexo, por tanto, niños y mujeres también perecieron en esta contienda.

Finalmente, terminando ya el siglo XIII, y con la inestimable ayuda de los ejércitos franceses y la Inquisición, este movimiento quedó completamente debilitado. Así, sus seguidores abrazarían la clandestinidad, guardando muchos de los secretos que los cátaros han mantenido bajo su llave.

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