El precioso pueblo de Castelnau y una cruz muy valiosa

Castelnau

Hacía tiempo que no hablábamos de esos pueblos franceses reconocidos como les plus beaux villages de France, y hoy os traemos uno de lo más especial, Castelnau-de-Montmiral. Con este nombre tan aristocrático, se presenta una preciosa comuna ubicada al sur de Francia, en la región de Mediodía-Pirineos, concretamente en el distrito de Albi.

La belleza de la comuna se hace latente nada más verla a lo lejos, envuelta como un auténtico pueblo “bastide” o fortificado.

Fundada por Raymond VII, conde de Toulouse, Castelnau alberga un sinfín de visitas encantadoras. Lugares que parecen haberse quedado estancados en el Medievo, ofreciendo un paisaje lleno de estrechas callejuelas con casas de piedras y escudos vistosos; y es que aquí, en Castelnau, el ladrillo, la piedra y la madera se usan mucho, para suerte del turista, que podrá deleitarse con las típicas construcciones locales.

Para acceder a la comuna bordearemos la antigua muralla. Andaremos un poco por las empedradas calles (con suerte no nos perderemos) hasta que finalmente daremos con la plaza principal de la comuna, su centro económico y social, la Plaza de las Arcadas. Evidentemente podremos ver las famosas “arcadas” paisaje completado por edificios de verdadero lujo como el que hoy ocupa el Hotel del Cónsuls. Además, cabe destacar que en esta plaza aun se siguen celebrando los típicos mercados en los que podremos adquirir productos de la tierra.

Mezclándonos con su gente podremos conocer multitud de historias y leyendas acerca de cada uno de los elementos de la plaza, de la comuna y de la región. No obstante, no debemos despistarnos, aun nos aguarda un lugar realmente interesante, La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.

Este precioso edificio, cuya campana data de 1554, alberga en su interior una serie de piezas importantísimas, como por ejemplo el Cristo de los enlaces (una estatua policromada “Ecce Homo”), la Piedad o Virgen de la Misericordia y unos asombrosos frescos en el techo de la iglesia que representan pasajes de la biblia en los que aparece la Virgen.

No obstante, si existe una joya de la corona en este lugar es, sin lugar a dudas, la Cruz Relicario de los Condes de Armagnac. Esta es una excelente obra maestra de orfebrería religiosa. Cientos de piedras preciosas incrustadas en el oro más puro y una historia que asegura que en la misma se encontraría parte de la cruz de Jesucristo.

Cuentan que en tiempos de la Revolución, un sacerdote se apresuró a esconder dicha cruz en un cobertizo. Así, la recostó sobre un amanta y la enyesó en el suelo para que nadie pudiera descubrirla.

Con el tiempo, y tras la Revolución, un cerdo que pasaba por allí con bastante hambre, decidió escarbar y escarbar hasta que finalmente dio con la cruz de incalculable valor.

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Foto vía: Tarn Tourisme

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