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Ceret, centro del modernismo en los Pirineos

En otros post os hemos hablado de Pont Aven, en la Bretaña donde estuvo Paul Gauguin, o de Albi, donde nació Toulouse-Lautrec, en esta ocasión vamos a tratar de acercaros otra localidad que encierra un magnífico museo de arte contemporáneo y que fue visitado por diversos artistas pertenecientes a las vanguardias del siglo XX.

En plenos Pirineos orientales, en el valle del Tech, se sitúa la localidad de Céret, capital del Vallespir. Un lugar donde se mezcla lo francés y lo español en armonía. Muestra de ello, es la fuente que hay en la ciudad, llamada de los nueve chorros.

Construida en el siglo XIV, fue coronada por el león de Castilla, según órdenes de los Reyes Católicos cuando la conquistaron y posteriormente cuando pasó a manos francesas por el Tratado de los Pirineos en 1659, la fuente fue girada y se añadió en su base la siguiente leyenda: Venite Ceretens, leo factus est gallus, cuya traducción al castellano es. Venid, ceretanos, el león se ha convertido en gallo.

Como hemos señalado al principio, en Céret o en la meca del cubismo como la llamó André Salmon, se trasladaron Picasso y Braque una temporada, allá por los primeros años del siglo XX, atraídos por los escultores Manolo Hugué y Arístides Maillol y el pintor Frank Burty Haviland. En poco tiempo, Céret se convirtió en lugar de artistas de diversas especialidades, allí se instaló el compositor Déodat de Séverac o los artistas Juan Gris, Moïse Kisling, Max Jacob, Pierre Soutin, Marc Chagall, Henri Matisse y Joan Miró.

Tanta creatividad junta dio lugar a que Pierre Brune dedicara un castillo que adquirió en la zona a la creación de un Museo de Arte Contemporáneo en 1950. En él, se guarda una donación de 28 cerámicas con motivos taurinos de Picasso y una colección de 14 dibujos de Matisse. Pero hay no acaba el Museo, también guarda obras de Manolo, de Miró, de Chagll y de Dalí. Antonio Tàpies realizó un díptico para la entrada del centro. Este museo es digno de visitar.

Pero en Cérec no acaba la cultura en su Museo, hay una plaza dedicada a la danza con un monumento diseñado por Picasso y en otra, conocida como La petite catalane, se erige una escultura de Manolo dedicada a Séverac.