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La mansión Mantin, una extraña cápsula del tiempo en Moulins

Hoy queremos hablaros de una cápsula del tiempo. Eso sí, una cápsula del tiempo nada común. Una enorme mansión que quedaría cerrada durante más de 100 años, repleta de objetos y piezas de colección, y que gracias al último deseo de su dueño, se convirtió tras todo este tiempo, en un auténtico museo.

Louis Mantin, funcionario y esteta francés, vivía solo. No tenía descendencia directa y se pasó los últimos años de su vida completamente obsesionado por la muerte y el paso del tiempo.

Este hombre, heredaría una gran fortuna tras cumplir los 40 años. A partir de ese momento, decidió adquirir una hermosa mansión, la cual había pertenecido a los Duques de Borbón, y comenzó a reformar su interior e ir añadiendo objetos que pudieran convertirla en un museo del conocimiento humano.

La casa se llenó en pocos años de una extraña combinación de muebles de fin de siglo, curiosidades arqueológicas, calaveras, parafernalia masónica, colecciones de animales disecados, y toda una serie de objetos procedentes de distintas épocas como la Edad Media o el neolítico. Además, la misma también estaba provista por electricidad y hermosos cuartos de baño.

Mantin tenía una idea clara, quería que este lugar fuera abierto como museo. Si él no podía perdurar en el tiempo, por lo menos sus objetos podrían avivar en cierto modo su nombre en la memoria de Moulins, el lugar en el que se emplaza la mansión. Así, establecería que tras su muerte, esta mansión pasaría directamente a administración gubernamental, siempre y cuando se convirtiera en museo, aunque pasaran 100 años.

Esta extraña disposición y la idea de que el propio Mantin pretendía crear un lugar en el que se viera cómo era la vida de un culto caballero en su época, dio a entender a la gente local que el propio dueño había determinado que la propiedad debía estar 100 años cerradas. Esto no era exactamente así.

Al parecer, la casa simplemente fue olvidada. Dejada al tiempo y el desgaste sin invertir ni un solo euro en ella. No es de extrañar que en menos de 100 años el deterioro fuera más que evidente.

Finalmente, un familiar lejano de Mantin, Isabell de Chavagnac, fue conocedora de la última voluntad de Louis Mantin. Así, instaría a las autoridades a invertir el dinero necesario, unos 3 millones y medio de euros, para poder poner en marcha el proyecto que el hombre había determinado en su testamento.

A partir de 2010, la casa abrió sus puertas al público, mostrando los elementos que esta particular cápsula del tiempo tenía guardados para el mundo.

Foto 1 y 2 vía:  spiegel