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Chateau Lavardens, superviviente de la historia

Parece que existan edificaciones que desde su construcción han sido creadas con un destino nefasto. Edificios que han perecido después de un gran número de acontecimientos que preveían su final. No obstante, existen muchos otros que nadan a contra corriente, como si le echaran un pulso a su propia suerte. Es el caso del Chateau Lavardens, que ha visto el posible final de sus días en más de una ocasión.

Situado en la comuna con el mismo nombre, este castillo está emplazado en una zona elevada que permite observar con facilidad el valle. Sin duda alguna este espectáculo paisajístico es uno de los más bonitos de Gers, uno de los motivos por el que muchos deciden desviarse en su camino para visitar este castillo del medievo.

Utilizado hasta el siglo XII como bastión militar de los Condes de Armagac, el castillo se enfrentó por lo menos a 3 destructivos incendios que casi terminan con sus imponentes muros. No obstante, el castillo aguantó.

Otro de los episodios más duros por los que se enfrentó esta extraña construcción, con cierto aire oriental, fue la llegada de las tropas reales en 1496, una oleada de soldados y armas que mandadas por el rey Carlos VIII tenían como misión destruir por completo la fortaleza. Quizá este fue el momento en el que más cerca vio el desastre final. No obstante, el propio Enrique IV legó finalmente en 1585 este castillo a su amigo Antonie de Roquelaure. El Mariscal francés intentó restaurar y arreglar la fachada, como ya había hecho con muchos otros palacios, pero a pesar del gran trabajo que realizó, con el tiempo tampoco fue suficiente para que el castillo se mantuviera con vida.

No fue hasta 1960 que un grupo de historiadores enamorados de este edificio decidieron hacerse cargo del mismo y comenzar a restaurarlo ocupando sus estancias con diversas exposiciones, algo que sin duda alguna hizo crecer el interés del turismo por esta parte de la región.

El Chateau de Lavardens se presenta hoy por hoy como una imponente edificación considerada monumento histórico. Un punto de información histórica que presenta sus respetos al arte, permitiendo alojar diversas exposiciones en sus saladas durante su temporada de apertura (de febrero a enero).

Cabe destacar, entre algunas de sus peculiaridades, su precioso suelo de mosaico único en Francia. Un exterior sobrio que contrarresta con un amplio y luminoso interior, interior en el que podemos encontrar lugares tan especiales como la sala de los susurros, esto no es más que una habitación creada de tal forma que cuando alguien susurra algo en una esquina de dicha estancia se escucha al mismo tiempo en la esquina opuesta.

Así que ya lo sabéis, si tenéis pensado hacer una ruta por Gers no podéis perderos este viaje.

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Foto vía: chateau-fort-manoir-chateau.eu