Francia abre al público una réplica de la cueva de Chauvet

Cueva de Chauvet

La disyuntiva de conocer una cueva prehistórica a través de réplicas exactas de las cuevas originales plantea siempre ha suscitado controversias entre los defensores de la defensa de los bienes naturales y los que abogan por fomentar el turismo en la zona.

Evidentemente, para muchos no es lo mismo pasear por las galerías de las cuevas donde se encontró el yacimiento arqueológico original y admirar las pinturas reales que hacerlo por unas cuevas que, aunque idénticas, se sabe han sido hechas en los tiempos actuales. ¿De qué nos sirve contemplar una réplica exacta sin más valor material que el interpretativo, por mucho que esté a unos metros de la original? ¿nos imaginamos viajando para ver una réplica de la Gioconda o del jardín de las Delicias? ¿merece la pena gastar nuestro dinero en ver algo que sabemos que no es real cuando para admirar sus detalles hoy día hay medios suficientes para hacerlo? Éstas y más son algunas de las frases que podemos escuchar en quienes se apuestan en contra de esta medida.

Sin embargo, en el lado contrario, está la defensa de unos grabados históricos, que por su valor e importancia en nuestro pasado, merecen ser resguardados, controlados y protegidos de las visitas. Por mucho que evitemos los flashes de las cámaras, o se controle el número de visitas, lo cierto es que estas pinturas se deterioran con el paso del tiempo cuando cientos de personas recorren sus galerías. Científicamente, su mantenimiento y conservación es imposible, y no podemos permitirnos perder vestigios de nuestro pasado como éstos.

El gobierno de Francia ya se vio obligada a cerrar la cueva de Chauvet hace años cuando comprobaron que las visitas turísticas estaban deteriorando los riquísimos grabados que había allí. Y no hay que olvidar que esta cueva se la considera la “Catedral francesa del arte rupestre”, no en vano también fue declarada como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco el año pasado.

Esta cueva de Chauvet es la galería que más pinturas prehistóricas encierra en su interior. Más de un millar de grabados iluminan su interior, de las cuales casi la mitad representan a animales. En total, 425 pinturas de animales hay en la cueva representando a 14 especies animales distintas, entre ellas, mamuts, osos, bisontes, rinocerontes y hasta búhos.

Cueva de Chauvet

La cueva de Chauvet se encuentra en unos acantilados, a las afeuras de Vallon Pont D’Arc, en el departamento de Ardèche, en la región del Valle de Ródano-Alpes, y permaneció allí oculta durante miles y miles de años, hasta que en el año 1994, gracias a un desprendimiento, la descubrieron tres espeleólogos aficionados, Ellette Brunel Deschamps, Christian Hillaire y Jean-Marie Chauvet, a quien se le debe el nombre.

Tras años de cierre, desde este fin de semana, los turistas y gentes de la localidad, podrán de nuevo disfrutar de las pinturas, aunque no sean las originales, gracias a la recreación idéntica que se ha hecho de la cueva, en una galería cercana que se encuentra a unos tres kilómetros de la primigenia. Todo se ha copiado milímetricamente, diseño de las galerías, tamaño de la cueva, estalacticas y estalagmitas, y, por supuesto, los grabados. Todo concebido para que quien las visite no distinga realidad de ficción, aunque se sepa. Ocho mil doscientos metros de cueva reacreadas en resina y cemento que podrán ser visitadas desde hoy en grupos de un máximo de 25 personas por visita.

Política contra ciencia. Una disyuntiva más. Pero al menos, mientras, podremos disfrutar de las maravillas de la cueva de Chauvet.

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Categorias: Patrimonio de la Humanidad, Valle del Rodano y Alpes


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