Viajar en moto hasta Mónaco: Toda una experiencia

Tal vez no todo el mundo pueda entender qué impulsa a los moteros a recorrer cientos o miles de kilómetros, enfrentándose al agobiante calor en verano y a la lluvia y al frío en invierno. Eso sin contar el cansancio debido a la tensión o la necesidad de llevar todo lo necesario para un viaje en un espacio muy reducido. Y es lógico que no lo entiendan. Después de todo, en coche se puede ir muy cómodo.
Pero, claro, la sensación no es igual; los recorridos probablemente cambian. Y, además, no es la misma aventura. Preparar una ruta en moto es algo emocionante y nos pone el vello de punta a los aficionados a las dos ruedas. Cuando pensamos en dónde queremos ir, aparecen una infinidad de destinos en nuestra mente, incluso cuando la dificultad es alta. Y uno de los que pueden convertirse en verdaderamente atractivos, por muchos motivos, es el viaje desde España hasta Mónaco, visitando parte del sur de Francia.
¿Por qué elegir Mónaco?
Bien, porque la ruta engloba un conjunto de parajes y sensaciones muy amplias. Pero que el destino final sea esta ciudad tiene mucho sentido, ya que se trata de un Principado especialmente singular. Aunque muchos piensen únicamente en su famoso Gran Premio de Fórmula 1 y el lujoso Casino de Montecarlo, con todos esos juegos que hoy están disponibles en el online casino, lo cierto es que su encanto va mucho más allá.
¿Cómo viajar en moto hasta Mónaco? Comenzamos la ruta
Pero, vayamos por partes. En primer lugar, hay que fijar el punto de partida. Evidentemente, dependerá de las circunstancias de los viajeros, pero empezar desde el norte de España es una buena opción. Barcelona se encuentra bastante cerca de la frontera de La Junquera y permite un primer rodaje, para entrar en calor y poner a punto la moto, que nos vendrá muy bien para posteriormente disfrutar a fondo en territorio galo.

Aquellos más impacientes por afrontar recorridos emocionantes también tienen otra opción: ir hasta Andorra y pasar a Francia a través de los Pirineos; por ejemplo, recorriendo el Port d’Envalira para llegar a Foix y, después, hasta Toulouse. De allí, se puede pasar por Carcasona hasta Narbona. En caso de elegir esta opción, aunque sea la temporada estival, conviene ir bien equipados y llevar ropa de abrigo e impermeable. Si se trata del invierno, es necesario informarse bien de las condiciones meteorológicas y del estado de la carretera.
Una vez en Narbona, ya sea por vía directa o con la alternativa mencionada, seguiremos la ruta en dirección a Montpellier. Probablemente, ya habremos hecho noche en algún punto del trayecto, pero es el momento de hacer algunas paradas para profundizar en el encanto de la Provenza. Es muy recomendable visitar ciudades cono Nimes, con sus espectaculares monumentos de la época romana. También la región natural de la Camarga, que dispone de un paisaje y una biodiversidad impresionantes.
Todo ello nos dará energía para seguir el camino y dirigirnos hacia Niza. Antes, una vez dejamos Marsella atrás, es interesante parar en Saint-Tropez y Cannes, ya que tienen un atractivo especial y no defraudarán a los que quieren experimentar el lado más exclusivo del país galo. Niza es un buen lugar para instalarse antes de afrontar el tramo final del camino. De hecho, es recomendable como “base de operaciones”, es decir, para pernoctar en lugar del propio Mónaco (los precios pueden ser prohibitivos). Además, esta ciudad tiene mucho que ofrecer al viajero.
¿Y para llegar a Mónaco? Existen varias vías, pero, evidentemente, a los moteros nos gustan más las que tienen curvas. La carretera conocida como la «Basse Corniche» es una gran opción, especialmente si volvemos de noche: la vista es espectacular, ya que recorre la costa y se vislumbra el puerto iluminado. No daremos demasiadas pistas a los que nunca han estado en Montecarlo; dejamos que os impresione, cada uno a su manera. Una vez finalizada la visita, la vuelta puede realizarse de forma directa o eligiendo otra ruta. Como idea, os sugerimos parar esta vez en Tolón y Marsella.