Brest, historia de una reconstrucción

Brest

La situación excepcional de Brest la han convertido desde su fundación, en la época del Imperio Romano, en un lugar estratégico para la creación de fortalezas y de defensa del territorio francés.

En el siglo XVIII, Luis XIII instaló en Brest varios astilleros y la marina real, cuyo nombre todavía conserva, definiendo la actividad principal de la ciudad para toda su historia. En este puerto se construyó el portaaviones nuclear Charles De Gaulle y en sus instalaciones se puede reparar buques de cualquier tamaño. Hoy en día es uno de los puertos comerciales y deportivos más grande de Francia y de la región de Bretaña.

Cuando visitas Brest, es curioso encontrar el Castillo de Brest (del siglo XVIII) junto a casas de diseño de postguerra. Se echa de menos alguna casa de esa época y un centro histórico. Esto tiene su explicación durante la Segunda Guerra Mundial, Brest como puerto importante, fue bombardeado más de 150 veces y sufrió un asedio de 43 días. Por lo tanto, Brest era una ciudad en ruinas que fue reconstruida siguiendo un diseño geométrico de Vauban y Mathon. Aún así todavía se conservan algunos barrios antiguos como Saint Martin o Recouvrance.

En Brest también podéis visitar las dos arterias principales de la ciudad: la rue Jean-Jaurès y la rue Siam. En esta zona se encuentra la plaza de la Liberté, diseñada por Bernard Huet, autor de los famosos Champs-Élysées. Para los amantes del mar, Brest ofrece diversas atracciones, el Museo Nacional de la Marina dentro del castillo, el Centro Nacional de Explotación de los Océanos y del Centro Oceanográfico de Bretaña.

Como curiosidad, si estáis al pie del obelisco situado en cours Dajot, que fue construido por la American Battle Monuments, estaréis oficialmente en EEUU. Eso sin cruzar el océano.

Junto al Castillo y el cours Dajot, se alza el puente de levadizo sobre el río Penfeld para acceder al barrio de Recouvrance, un barrio popular que se salvó de las bombas albergando la iglesia de San Salvador, la más antigua de la ciudad.

Esta ciudad también ofrece la visita de auténticos tesoros en sus aguas, hay numerosos pecios en la zona, pero la zona presenta violentas corrientes, lo que no hace fácil su visita. Por eso, es recomendable bucear siempre con un club y con todas las medidas de seguridad. Entre los barcos que naufragaron en esta zona se encuentra el Cordelière, el buque de Ana de Bretaña, que se hundió en 1512.

Para terminar, os recomiendo que visitéis uno de los restaurantes más famoso de Brest. Situado junto al mercado, es un restaurante dedicado la patata. Todos sus platos se sirven con patatas asadas al horno acompañadas de las más variadas delicatessen: carnes, quesos, foie, embutidos, mariscos. Un lugar original y digno de visitar.

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