Los inicios de la historia de Francia

Arco del Triunfo de Paris

Francia es uno de los primeros estados que se fundaron en Europa, aunque no fue hasta la Edad Media que comenzó a conocerse por este nombre, antes del cual se conocía a estas tierras como la Galia, abarcando algo más de terreno del que ocupa actualmente. Durante las diferentes guerras por la hegemonía europea, Francia se vio abocada a enfrentarse a la mayor parte de países, tanto por separado como en conjunto, buen ejemplo de ello son las campañas de Carlomagno, de Luis XIV y del insigne Napoleón Bonaparte.

Los yacimientos arqueológicos más antiguos muestran restos de hombres de Neandertal en las regiones de los Pirineos y del río Somme, además de en Le Moustier, La Ferrasie y Chapelle-aux-Saints. También se han hallado en el valle de Dordoña muestras del Paleolítico superior, entre los que destacan restos de hombres de Cro-Magnon cuya antigüedad roza los 25.000 años, y pinturas rupestres que se han hecho mundialmente famosas como las de Font de Gaume y Lascaux en los Pirineos franceses. En tiempos del mesolítico comienzan a darse la agricultura y la ganadería, y a partir del tercer milenio antes de Cristo se erigen los primeros dólmenes y menhires durante el Neolítico. A partir del 1500 a.C. se desarrollan las primeras rutas de comercio en la Edad de bronce, mientras que las culturas que conocemos como Celtas se gestan alrededor del año 1000 a.C.

La Galia estaba poblada por los galos, un pueblo de origen celta provenientes de la región indoeuropea, y que establecieron sus límites territoriales con el Canal de la Mancha al norte, el Mediterráneo y los Pirineos al sur, los Alpes y el río Rhin (fronteras con Italia y Alemania respectivamente) al este y el Golfo de Vizcaya al oeste. En la zona sur de la Galia se instalaron los jonios, procedentes de Grecia, y fueron ellos quienes fundaron la ciudad de Massalia, la actual Marsella.

El principio del fin de la Galia llegó con la derrota del jefe galo Vercingetorix a manos de Cayo Julio César en el año 51 a.C., hecho que sumado a las continuas incursiones de los germanos contribuyeron a un periodo de latinización y diezma de la población gala. A esto se sumó más tarde la llegada de los primeros misioneros, dando lugar a una población cada vez más latina y cristiana, de la que la ciudad de Lugdunum (actual Lyon) se convirtió en principal centro de peregrinaje y poder de los cristianos. Esta nueva Galia se fue culturizando cada vez más, pese a los ataques recibidos durante las Invasiones Bárbaras.

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