El Templo de Diana y los Jardines de la Fuente, en Nimes

Fuente de Nimes

Uno de los primeros jardines públicos de Europa vio la luz en Nimes. Se trata de los Jardines de la Fuente –o Jardins de la Fountain–, organizados en espacio correspondiente al hallazgo de un santuario romano, abandonado desde la Edad Media. El resultado fue una compleja composición arquitectónica, que combina el antiguo estilo romano con las corrientes propias del siglo XVIII. Un lugar que hay que visitar en esta bellísima ciudad de Provenza.

Siempre cuidando de no transgredir el plan del antiguo santuario, Jacques Philippe Mareschal y Gabriel Dardailhon organizaron, en el siglo XVIII, un fantástico espacio verde en torno a un recurso natural de agua conocido como la Fountaine. Se encuentra al oeste de la Casa Cuadrada, al final de la avenida Jean Jaurés.

Numerosas estatuas barrocas de piedra y mármol fueron dispuestas armónicamente para constituir un jardín de estilo francés cautivador. Cipreses, pinos, laureles y robles brindan sombra durante todo el año, y devuelven la vida a este antiguo sitio romano. Las aguas fluyen desde entonces por magníficos circuitos diseñados para tal fin.

Junto al jardín se erige el Templo de Diana. Se lo considera uno de los más enigmáticos monumentos galorromanos de Nimes. Esto se debe a que aún se desconocen los motivos de su construcción. Datado en el siglo II a.C., hoy se estima que pudo haber tenido una conexión directa con el santuario de la Fountain, aunque sólo se trata de especulaciones.

Su arquitectura es también inquietante. Muchos opinan que posee rastros de influencia oriental. Aunque se encuentra bastante deteriorado, en su momento de auge constaba de un gran salón rectangular, decorado con columnas corintias. Una bóveda semicircular lo coronaba.

El templo, que recibe ese nombre a pesar de que se desconoce su función real, pasó a ser el Convento del Monasterio Benedictino de Saint-Savior en 991, pero debieron abandonarlo en 1562, cuando fue tomado por los calvinistas. En 1577 se produjeron los daños más considerables que hoy se pueden apreciar, cuando los católicos de la ciudad decidieron destruirlo para que no fuera utilizado como refugio por los grupos protestantes.

Al rediseñarse los Jardins de la Fountaine, el Templo de Diana fue utilizado como fuente para obtener ladrillos, pero aún hoy sigue siendo uno de los monumentos más visitados de Nimes.

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