Polinesia Francesa: un viaje al paraíso

Polinesia francesa aérea

La Polinesia Francesa es una colectividad de ultramar francesa. Está ubicada en el sur del océano Pacífico, y cuenta con hasta 118 islas y atolones de los que tan sólo están habitados unos 67.

Podemos decir que las islas de la Polinesia Francesa son consideradas por muchos como las más paradisíacas y bellas del planeta. No sabemos sí será cierto, pues en esto de la belleza hay muchos gustos diferentes. Lo que está claro es que varios de sus destinos son catalogados como los más exclusivos del mundo. Motivo más que suficiente para prestar atención a todo lo que este paraíso tiene que ofrecer.

Bora Bora, Polinesia Francesa

Un ejemplo perfecto de los tesoros de la Polinesia Francesa es Bora Bora. Cuenta con una superficie de poco menos de 30 km2, y aún así, está considerado como uno de los lugares más exclusivos en cuanto a vacaciones insulares se refiere.

Rodeada de una gran barrera de arrecife, esta isla crea en su interior una de las lagunas más hermosas de la Tierra. En el corazón de esta, los restos de un volcán ya extinto. Un volcán de dos picos, el Monte Pahia y el Monte Otemanu.

En general, en Bora Bora vas a encontrar resorts de lujo. Sí, esas casitas tan monas que se levantan sobre el agua y que ofrecen un hospedaje de ensueño. Playas de arena blanca bañadas por un agua esmeralda repleta de peces de colores.

Este arrecife que rodea la isla hace que las principales actividades aquí estén relacionadas con el mar. Así, podrás hacer snorkeling, buce con botella de oxígeno o incluso adentrarte en una aventura llena de adrenalina en la que podrás bocear con tiburones y mantas.

Bora Bora en la Polinesia francesa

Moorea

Otro de los destinos estrella de la Polinesia Francesa es Moorea. Se trata de la segunda isla en extensión de las Islas de Sociedad. Muchos aseguran que es la única que puede estar a la altura de Bora Bora en cuanto a belleza natural se refiere.

Esta isla cuenta con una superficie total de 133,5 km2. Cuenta con dos grandes bahías, a cual más bonita. Además, tiene en su interior ocho valles que forman una estrella, dotándola de una forma bastante singular parecida a un pulpo.

Rodeada de una laguna con unas playas que asombrarían al turista más exigente, este lugar cuenta con muchos encantos naturales, sí, pero también con algunas actividades interesantes como la Tiki Village. Este lugar recrea las costumbres de los pobladores polinésicos. Así, tiene centros de artesanía y cultivos de perlas, entre otros.

Tahití

Es imposible hablar de la Polinesia Francesa y no nombrar y detenernos en Tahití. Es la mayor isla y es donde se encuentra la capital, Papeete y su aeropuerto internacional. Por tanto, es la puerta de entrada a la Polinesia Francesa.

Su extensión es de 1.045 km2, en esta ocasión menos espectacular desde un punto de vista natural, pues hay un mayor nivel de desarrollo y una gran población. Quizá no podamos decir que se trata de una isla virgen, pero también cuenta con playas bellísimas y un montón de oferta de ocio.

Tahití cuenta con atractivos culturales y sociales que la hacen una parada clave en nuestro viaje por la Polinesia Francesa. Una isla en la que además de disfrutar del mar, podrás realizar compras de artesanía local, visitar restaurantes con una gastronomía típica deliciosa y mezclarte con su gente.

Islas Tuamotu

Otras opciones interesantes son, por ejemplo, las Islas Tuamotu, llenas de paz y tranquilidad. Un destino ideal para los que aman el buceo. Las perlas que se producen en sus atolones coralinos son las más destacadas de la Polinesia.

También destacamos la isla Mangareva, la principal de las islas de Gambier. Significa montaña flotante y cuenta con más paisajes naturales de esos que sólo son posibles en esta parte del mundo.

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