Isla de Re, el reino de la bicicleta

Aislada del continente durante muchos años, esta pequeña isla del océano Atlántico y vecina de La Rochelle, es un pequeño reducto del encanto de pueblos marineros y tranquilidad. Todo ello, bañado por una luz especial y el agua cálida de las corrientes del Golfo la convierten en un lugar muy especial, sobretodo para los amantes de la bicicleta.

Situada frente a la costa de La Rochelle, la isla de Ré , no fue archipiélago hasta la época del deshielo y posee su configuración actual desde el cuaternario. Bautizada con el nombre de celta de helecho, en el siglo VII, fue arrasada por los normandos y repoblada con gente del continente gracias a las concesiones de los duques de Aquitania y Poitou. Pero su esplendor comercial arrancó con la llegada de los monjes cistercienses en el siglo XII que comenzaron a hacer tratos con la sal y el vino, un esplendor se vio acotado por las intensas disputas entre franceses e ingleses que fueron saldadas en 1372 cuando eligió la corona francesa para sus dominios.

Durante la Revolución Francesa fue privada de alimentos y en el siglo XIX sufrió una crisis salinera y la plaga de la filoxera. En esta época se construyó la carretera que recorre de punta a punta los 30 kilómetros de largo con los que cuenta la isla y en 1834 arribó el primer barco a vapor desde la costa. Los isleños tendrían que esperar hasta finales de los 80 para poder ver conectada su isla a través de un puente, que mide 2,9 kilómetros de largo, y que permite el tránsito de peatones, ciclistas y coches a la isla, tras el abono del peaje correspondiente.

En la isla de Ré podemos visitar localidades de un encanto especial como Sainte-Marie-de-Ré, uno de los pueblos más antiguos de la isla; La Flotte, un pueblo de pescadores que cuenta con el distintivo de uno de los pueblos más bellos de Francia; Saint-Martin-de-Ré, la localidad más importante del archipiélago y que alberga la cárcel de donde se escapó Papillon que fue diseñada por Vauban; Loix, una pequeña península separada de la isla por unas salinas que cuenta con uno de los últimos molinos movidos por la marea; y, al final de la isla se puede visitar Les Portes en Ré, un refugio de tranquilidad.

Como hemos señalado antes, en la isla los amantes de la bicicleta son los reyes, la orografía de la isla permite que personas de todas las edades y niveles de práctica ciclista se atrevan a recorrer todos los rincones de la isla. Además, se han habilitado diversas rutas para facilitar el conocimiento de la isla.

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